Una conversación con Sanne – Mensajes desde el más allá
Mensajes desde el más allá acerca de las trampas de las almas viejas, los problemas de salud mental entre los jóvenes y la importancia de comunicarse honestamente acerca de las emociones
Por Pamela Kribbe
Hace unas semanas tuve un contacto interior con Sanne, la hija fallecida de una amiga mía. Ella murió hace cinco años, a la edad de veintiséis años, en un accidente automovilístico. Sanne murió junto a una niña más joven a la que había cuidado casi a diario en su trabajo de apoyo a personas con problemas de salud mental.
Conocí a Sanne por primera vez durante una lectura que hice para su madre. Ella me impresionó profundamente con su presencia ligera y alegre; ésta no se sentía ni pesada ni triste en lo más absoluto. Después de que terminó la lectura, recibí más mensajes de ella —mensajes que eran menos personales y de naturaleza más universal. Comparto estos mensajes en este artículo, pero comenzaré con un breve resumen de la lectura en sí misma, ya que ese contexto es esencial para todo lo que sigue.
¿Por qué Sanne murió tan joven?
Sanne me dijo que en una vida pasada ella había estado profunda y emocionalmente enredada con esta chica, que en aquel entonces había sido su hermana menor. Ella había tratado desesperadamente de proteger a su hermana pequeña del dolor después de que ambas perdieron a su madre a causa de una enfermedad contagiosa de esa época —algo así como una peste. Más tarde, la hermana menor también cayó enferma y murió. Sanne luchó enormemente con esto. Lo había intentado todo para evitar que su hermana muriera e hizo un voto interior: nunca más te abandonaré.
Después de la muerte de la misma Sanne en esa vida, su hermana no podía dejarla ir —la luz de Sanne seguía siendo una especie de imán para ella. Se formó un enredo que se extendió más allá del umbral de la misma muerte. En esta vida, Sanne cumplió esa vieja promesa al morir exactamente al mismo tiempo que la niña. Esta vez la niña no era su hermana, sino que una clienta que tenía bajo su cuidado y con quien compartía un poderoso vínculo. Kármicamente hablando, compartir el momento de la muerte constituía el cumplimiento del voto hecho en esa vida anterior.
En el momento en que el espíritu de Sanne abandonó su cuerpo durante el accidente, se produjo una visión repentina y profunda. Ella entendió con total claridad que nunca debió ser de esa forma —que un alma nunca debería enredarse tanto con otra. No es tu misión cargar con el dolor tan intenso de otra persona como para fusionarte con ella y abandonar tu propio camino. Esa vieja idea de enredarse y responsabilizarse por otro simplemente no era verdadera. Inmediatamente después de fallecer, ella soltó a la niña por completo; al principio de la lectura dijo casi de inmediato: yo ya no estoy junto a ella.
Por supuesto, Sanne también sentía un dolor desgarrador por haber muerto tan joven. Había sido una mujer talentosa, sensible, radiante, llena de un potencial que no llegó a desarrollarse. Y, sin embargo, ella dejó claro que un alma puede elegir un final tan prematuro debido a que una enseñanza en particular –en este caso, reconocer que el apego emocional no es el camino— tiene prioridad. Ella lo expresó con claridad: el alma establece prioridades; lo primero es lo primero. Sin embargo, por mucho potencial que albergara su vida terrenal, esta comprensión era lo más importante: cada alma recorre su propio camino, y así es exactamente como debe ser.
A lo largo de la sesión, percibí a Sanne como una presencia vívida y profundamente humana. Hablaba con convicción, y me dijo que se encuentra bien en el más allá. La vida allí es todo menos monótona —ella sigue viviendo, explorando, haciendo todo tipo de cosas.
Cuando terminó la sesión y salí a caminar por el bosque, aún podía sentirla conmigo. Fue entonces cuando quiso transmitir algo más universal. La primera frase que surgió fue: el alma vieja y sus trampas.
El Primer Mensaje de Sanne: las trampas del alma vieja
Sanne: «A veces, al alma vieja le cuesta ponerse en el lugar del alma joven. Esa es una gran trampa –una con la que el alma vieja puede tropezar gravemente. Las experiencias de un alma joven pueden parecer muy ajenas a las propias, tal como a una persona de setenta años le puede costar relacionarse con una adolescente de quince. Aquí es donde el alma vieja puede equivocarse de dos formas.
Primero: el papel de salvadora. El alma vieja ve cómo el alma joven se enreda en experiencias difíciles. Valiéndose de su propia sabiduría, el alma vieja intenta sacar al alma joven de ese sufrimiento –pues ella ya puede darse cuenta de qué es lo que no está bien y sabe cómo solucionarlo. Pero, al hacerlo, le arrebata al alma joven su propio camino de experimentación. Desea que el alma joven se salte etapas porque le resulta doloroso presenciar esa lucha. Pero las cosas no funcionan así; el alma joven debe vivir esos aprendizajes por sí misma. Cuando el alma vieja se esfuerza demasiado en rescatar, se produce un enredo empático y terminas cargando con el dolor de otra persona. Esa es la primera trampa: la incapacidad de soltar al alma joven.
Segundo: la actitud combativa. El alma vieja se enfrenta al mundo que las almas jóvenes están moldeando –un mundo lleno de miedo, juicios, y control. Ve tanta injusticia, destrucción medioambiental y guerra. Pero estos son procesos que la conciencia colectiva debe atravesar, paso a paso, con el fin de evolucionar. Si, como alma vieja te opones a ello con feroz resistencia, te hundes emocionalmente. Empiezas a sentir emociones de baja vibración –ira, odio, impaciencia. Caes en una especie de regresión. En ambos casos —tanto al intentar ayudar en exceso como al luchar— te ves arrastrada energéticamente hacia abajo».
Sanne explicó que el verdadero propósito del alma vieja es elevarse. La atención debería centrarse en lo que está más altamente desarrollado, no en lo que está menos desarrollado. Las almas viejas están aquí para tender un puente hacia los planos superiores que se encuentran energéticamente cerca de la Tierra. No se trata de lugares físicos, sino de reinos de mayor vibración y conciencia más elevada –lo que tradicionalmente hemos llamado el cielo. Las almas viejas se sienten allí como en casa; por eso, en la Tierra, a menudo experimentan nostalgia, un profundo cansancio y la pregunta persistente: ¿qué hago realmente aquí?
Le pregunté a Sanne si ese era, en efecto, su mensaje principal. Ella respondió: «Las almas viejas impulsan a la Tierra hacia adelante cuando abren esa compuerta y tienden el puente hacia la dimensión donde me encuentro ahora». Ella enfatizó muy específicamente: «Realmente estoy aquí, tú sabes». Para ella, el mundo astral no es una realidad de fantasía difusa –es tan real como lo es el mundo físico para nosotros. Estos reinos astrales que rodean la Tierra adoptan todo tipo de formas. «Hay todo tipo de lugares aquí –feos y hermosos, altamente desarrollados y poco desarrollados. Existen regiones llenas de personas amorosas que desean el bien, que quieren aprender y avanzar. Pero también hay regiones donde la gente se aferra a creencias rígidas, donde excluyen a los demás y emiten juicios severos. Es igual que en la Tierra. Es un mundo inmenso, solo que sin la forma de un planeta –es un plano de existencia. La conciencia es un mundo; la conciencia lo es todo. En realidad, un planeta físico no es nada –es solo una especie de representación. Es difícil para mí de explicar, pero la conciencia crea mundos, y ahora mismo yo existo dentro de uno de esos mundos de conciencia.
Dentro de esto, quiero aprender y crecer. Quiero comprender profundamente lo que me sucedió en la vida que ya he dejado atrás y cómo puedo seguir evolucionando a partir de ahora. Desde esta perspectiva, puedo ver lo que te ocurre a ti: hay almas de gran ligereza, dotadas de una profunda intuición y de corazones muy grandes y cálidos, que aun así se ven arrastradas en esta trampa profunda. Todo nace de un sentido de responsabilidad mal enfocado”.
Le pregunté a Sanne: “¿Por qué hiciste eso? ¿Por qué sentías una necesidad tan fuerte de cuidar de esa manera a alguien más joven que tú? ¿De dónde provenía ese intenso instinto de nutrir y ayudar?”.
“Esa es una buena pregunta”, respondió ella. “En aquella vida pasada, yo simplemente quería ser una buena persona. En ese entonces, mi forma de ser estaba muy marcada por la doctrina de la Iglesia sobre cómo se debe vivir –la idea de que es un acto noble el sacrificarse a uno mismo y renunciar a los propios intereses por el bien de otra persona. Había en mí un fuerte condicionamiento religioso, y eso, según he aprendido aquí, no es espiritualmente correcto. La verdadera espiritualidad nada tiene que ver con la negación de uno mismo, pues, en realidad, tú eres el mayor regalo de Dios. Aquí, el desarrollo personal se considera como el bien supremo. Esa anulación excesiva de uno mismo es destructiva –por favor, libérate de ella.
En aquella vida pasada, yo era una joven sensible y abierta. Era ingenua y, por ello, muy vulnerable a aquel rígido código moral. La Iglesia grabó esas creencias en mi interior hasta que terminé aceptándolas como verdaderas. Esas historias dejaron en mí una huella profunda; deseaba fervientemente hacer el bien. Miré la figura de Jesús y pensé: ‘Él ha visto la luz; quiero seguirle’. Mi único deseo era servir a los demás”.
Un Campo Colectivo de Jóvenes
Ahora quería preguntarle algo más a Sanne. Últimamente he sentido una conexión interior con un campo de energía colectivo que pertenece a un gran grupo de niños y jóvenes que se encuentran actualmente en la Tierra. A ellos les cuesta enormemente desenvolverse con la vida aquí en la tierra. Luchan contra problemas de salud mental, cargan con un profundo sufrimiento psicológico, y albergan algo hermoso y puro en su interior –y aún así no logran encontrar su lugar en la sociedad humana actual.
Cuando conecto con ese campo, veo un resplandor azul pálido. En mi ojo mental siguen apareciendo figuras con ojos grandes y hermosos –cristalinos, refinados, etéreos. Sorprendentemente, ellos no tienen boca. Simbólicamente, esta imagen me indica que no pueden manifestar con claridad lo que habita en su interior; no pueden expresarse a sí mismos en la atmósfera terrenal actual. Eso les causa dolor y es ahí donde se quedan atascados.
En los últimos días, también conecté con el alma de una chica a la que he visto en varias ocasiones. Ella sigue viva, tiene un diagnóstico de autismo y lucha contra la ansiedad y la depresión —síntomas que presentan muchos jóvenes hoy en día; según mi percepción, más chicas que chicos, aunque no puedo afirmarlo con certeza—. Ella irradiaba una fuerte sensación de incomprensión, lo que le provocaba una profunda tristeza. Me contó que le resulta muy difícil lidiar con lo que ella percibe como una comunicación deshonesta por parte de los adultos. La mayoría de los adultos «bien adaptados» ya no dicen lo que realmente piensan. Existe una gran brecha entre su comportamiento, sus palabras y su presencia energética. Para una persona con autismo, esto resulta extremadamente confuso –ya que las señales que los adultos emiten a los demás son inconsistentes y ambiguas. Esta chica me dijo que esa situación le genera ansiedad y hace que las personas le resulten intimidantes.
En resumen, percibo que este grupo de jóvenes quiere ser escuchado. Hay un mensaje que busca salir a la luz sobre cómo ellos experimentan esta realidad. Le pregunté a Sanne si podía arrojar algo de luz sobre este asunto.
Segundo Mensaje de Sanne: Sé emocionalmente honesto contigo mismo y con los demás
Sanne me mira directamente a los ojos y dice: «Este es un punto crucial. La Tierra debe cambiar ahora. Existe un enorme sufrimiento psicológico en personas de todas las edades. Una ola masiva de almas está entrando en cuerpos jóvenes en este momento, pero, en su interior, son todo menos jóvenes. Los jóvenes que percibes son seres ya muy evolucionados y sabios en su interior. Portan una conciencia superior que desean traer a la Tierra. Ellos están aquí para ayudar a transformar las cosas y tender un puente hacia un mundo más armonioso –uno con mayor respeto de los unos por los otros y por la naturaleza. Esa conciencia superior es sumamente necesaria, ya que el sistema actual se está paralizando y la gente se está desmoronando bajo su peso».
Le pregunté a Sanne qué cree ella que se necesita en este momento. Ella respondió con convicción: «La gente necesita reconectar con sus sentimientos, con su corazón, y con su vulnerabilidad. Todas esas emociones que fluyen a través tuyo en cada instante son precisamente lo que te hace humano –no hay nada de qué avergonzarse. Ya sea que sientas ira, tristeza, celos, inseguridad o que te encuentres lleno de dudas: todo ello tiene derecho a existir. Una vez que permites que tus emociones entren plenamente en ti, ya has ganado la mitad de la batalla. Solo entonces eres verdaderamente humano. Y cuando logras hablar de ello abierta y honestamente con los demás, surge de forma natural una energía sanadora que emana del corazón. Una conversación auténtica, una conexión real –de eso se trata todo.
A menudo, los padres fallan en esto porque no comprenden realmente lo que sucede en el interior de sus hijos. A ellos mismos nunca les enseñaron a expresar abiertamente sus emociones y han terminado bloqueados emocionalmente. Este es, en realidad, el mundo al revés: son estos hijos quienes necesitan enseñar a sus padres. Las generaciones más jóvenes suelen llevar mucha ventaja a las mayores a la hora de expresar su verdad interior. El aprendizaje, justo ahora, fluye desde los jóvenes hacia los mayores. Los adultos necesitan encontrar la valentía para abrirse a la juventud. Los jóvenes permanecen mucho más cerca de su núcleo emocional espontáneo, mientras que la generación mayor suele estar atrapada en una armadura hecha de miedo, convenciones y de ‘cómo se supone que deben ser las cosas’. Esa inmensa presión por encajar te obliga a callar lo que realmente piensas. Eso crea vergüenza y distancia emocional, y esa barrera debe derribarse.
Esto es exactamente lo que estos jóvenes traen y es la razón por la que están aquí. Sus problemas de salud mental solo podrán resolverse cuando se les dé espacio para hablar de quiénes realmente son y de lo que sienten de verdad. Al reclamar ese espacio, ellos impulsan a la generación mayor a flexibilizarse también. A mi parecer, los jóvenes son, en realidad, mucho más normales que los adultos», dice Sanne con una sonrisa. «A veces, los adultos actúan de forma muy extraña: lo ocultan todo, temen llamar a la verdad por su nombre, constantemente se esconden tras máscaras. Los niños absorben todo ese miedo no expresado de sus padres y maestros. Para recibir el regalo que esta nueva generación trae, los adultos realmente necesitan quitarse ya los tapones de los oídos. Vosotros estáis colectivamente sordos. El problema, muy frecuentemente, reside en vosotros –porque nunca aprendisteis a gestionar vuestro propio mundo emocional. Y por eso no podéis escuchar de verdad.
A la mayoría de los adultos de la Tierra les vendría bien someterse a una terapia profunda. Nosotros también lo hacemos aquí en el mundo espiritual,” ella añade. “Conectar una y otra vez con los sentimientos más profundos —especialmente con aquellos que más quisieran enterrar— y escucharlos con total atención. Ese es el único camino hacia el verdadero crecimiento espiritual. Tenéis que estar dispuesto a enfrentar esa confrontación; de lo contrario, la vida se estanca y uno se queda bloqueado. A eso nos referimos con ascender: mirar de frente aquello que es difícil para vosotros, y atreverse a hablar de ello. A eso se resume todo».
Cierre
Me siento conmovida por Sanne –por su franqueza, y por su apasionada defensa de la honestidad emocional. Me recuerda que, en el fondo, todo se reduce a eso, y no a elevadas teorías espirituales. Se trata, pura y llanamente, de humanidad y vulnerabilidad.
Le agradezco a Sanne por sus mensajes. Espero volver a hablar con ella en el futuro –me ha dicho que sigue disponible y que le encantaría compartir más cosas cuando llegue el momento.
Se despide con una sonrisa tranquilizadora y dice: «Al final, todo sale bien».
Muchas gracias, Sanne.
© Pamela Kribbe
Traducido del inglés por Isabel Suarez-Perez







